La pérdida visual por glaucoma es irreversible y se puede padecer la enfermedad sin saberlo

El glaucoma es la segunda causa de ceguera en el mundo después de la catarata, con aproximadamente 7.6 millones de personas ciegas bilateralmente. Se estima que en los países industrializados, la mitad de los pacientes con glaucoma no sabe que lo padece, mientras que en los países en desarrollo como la Argentina, el número de individuos afectados por glaucoma y que desconocen su presencia, es aún mayor.

El glaucoma es una enfermedad que daña el nervio óptico, suele producirse a lo largo del tiempo y sin mostrar síntomas. Generalmente los cambios visuales son graduales, inicialmente se afecta la visión periférica, por lo que uno puede no darse cuenta que padece glaucoma, y con el tiempo la pérdida visual también afecta la visión central en forma progresiva.

La presión elevada dentro del ojo es considerada el principal factor de riesgo del glaucoma. Sin embargo, existen casos en que personas con una presión ocular normal igualmente desarrollan la enfermedad.

Existen dos tipos principales de glaucoma:

Glaucoma de ángulo abierto

Ocurre generalmente cuando el sistema de drenaje del ojo se obstruye gradualmente, lo cual impide que el líquido fluya correctamente y aumenta la presión ocular. Este tipo de glaucoma representa casi el 90% de los casos en el mundo occidental.

Glaucoma de ángulo cerrado o estrecho 

Sucede cuando la obstrucción viene acompañada de una separación más angosta de lo normal entre el iris y la córnea. Es más común en personas de ascendencia asiática y en los que padecen de hipermetropía (dificultad para ver de cerca). Este tipo de glaucoma tiene mayores posibilidades de generar una crisis aguda, que es cuando aumenta súbitamente la presión ocular (en cuestión de horas), lo cual suele causar dolor.

¿Cómo se ve el mundo con Glaucoma?

Si bien no existe cura para el glaucoma y no se puede recuperar la visión perdida, existen tratamientos para reducir la presión ocular y detener o retrasar la progresión de la enfermedad. De todos modos, el diagnóstico temprano es clave para el adecuado manejo del glaucoma, por eso es importante consultar al médico oftalmólogo periódicamente.

Los exámenes para detectar el glaucoma no son invasivos ni dolorosos:

  • Prueba de agudeza visual: mide qué tan bien ve el ojo a varias distancias.
  • Prueba de campo visual: mide la pérdida de la visión lateral o a los lados.
  • Examen con pupila dilatada: evalúa la salud del nervio óptico, la retina y el segmento posterior del ojo.
  • Tonometría: mide la presión dentro del ojo.
  • Paquimetría: mide el espesor de la córnea.
  • Gonioscopía: ayuda a determinar si el ángulo es abierto o cerrado.
  • OCT 3D Tomografía de coherencia óptica de nervio y capa de fibras nerviosas: permite el diagnóstico temprano del daño y el seguimiento de la progresión